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Descripción de la publicación
El sujeto y el lenguaje: una lectura lacaniana del malestar contemporáneo
En un tiempo donde la velocidad de los intercambios simbólicos parece haber abolido la pausa, vale la pena detenerse ante una pregunta que Lacan no dejó de reformular: ¿qué resta del sujeto cuando el lenguaje lo atraviesa sin que él lo sepa?
La tesis lacaniana es conocida, aunque raramente asimilada en toda su radicalidad: el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Esta afirmación no es una metáfora. Señala que el sujeto no precede al lenguaje, sino que emerge en él, dividido, barrado, siempre en falta. El yo que cree hablar es, en rigor, hablado.
Este descentramiento del sujeto —herencia directa de Freud, radicalizada por Lacan— tiene consecuencias éticas y políticas que conviene no soslayar. Si el sujeto es efecto del significante, entonces toda ideología que prometa plenitud, identidad sin resto o goce sin límite, opera mediante una forclusión: expulsa lo que no puede simbolizar y lo deja retornar en lo real.
El malestar contemporáneo, con su proliferación de diagnósticos, su urgencia de bienestar y su intolerancia al vacío, puede leerse, en este sentido, como una respuesta defensiva ante la incompletud estructural del ser hablante. La clínica muestra cada día que lo que se llama "síntoma" no es un error a corregir, sino una solución —parcial, costosa, pero solución al fin— al problema de existir en el lenguaje.
Quizás sea hora de volver a escuchar el síntoma antes de silenciarlo.
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